Economía

La escaramuza arancelaria con la Unión Europea

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La reunión del G-20 no ha sido fácil luego de que el presidente estadounidense, Donald Trump, amenazara a la Unión Europea de imponerle aranceles a sus exportaciones por un valor de US$4.000 millones, un episodio que es un auténtico dèjá vu que ha marcado su administración, pues así comenzaron sus difíciles relaciones comerciales con China. El Grupo está compuesto por los 19 países más la Unión Europea y de este hacen parte: Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Francia, Alemania, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Rusia, Arabia Saudita, Sudáfrica, Corea del Sur, Turquía, Reino Unido y Estados Unidos, y desde su origen ha sido un escenario para medir el ambiente político e inversionista en todo el mundo. Lo más llamativo de esta reunión es que sólo unos días después de alcanzar una tregua arancelaria con China, Trump enfila sus baterías comerciales contra Europa en represalia por las ayudas que los gobiernos del Viejo Continente les dan a sus industrias aeronáuticas. La preocupación del mandatario estadounidense tiene nombre propio y es Airbus, el archienemigo sectorial de la multinacional americana, Boeing Company, que diseña, fabrica y vende aviones, helicópteros, misiles y satélites, que dicho sea de paso está sobrellevando una grave crisis económica. Si la amenaza de Trump se convierte en realidad se verían afectados productos como aceitunas, quesos, whisky, pasta y vehículos.

Pocas horas después de la amenaza, la Oficina del Representante de Comercio de Estados Unidos publicó la lista de productos, que además del queso italiano y whiskey escocés, cobijaría a bienes valorados en US$21.000 millones ya anunciados desde el pasado abril cuando Estados Unidos impuso aranceles por valor de $11.000 millones. Esta pugna es un episodio más de una larga batalla que se inició en 2004, cuando Washington denunció las ayudas a Airbus ante la Organización Mundial de Comercio, sin mayores éxitos. El problema para el comercio mundial es que Trump ha demostrado que no se viene con amenazas, sino que actúa y cambia las situaciones. Así lo ha demostrado durante la guerra comercial con China, pues cuando todo parecía zanjado arremetió contra la empresa Huawei, que si bien sintió un alivio no podrá competir en América con su avanzado 5G, además de haberle infringido millonarias pérdidas por más de US$40.000 millones.

Como siempre sucede en estas cumbres de mandatarios poderosos, no hay conclusiones claras ni compromisos en el orden del día, pero sí hay nuevas palabras que flotan en el ambiente y que hacen de estos encuentros citas especiales para ver cómo va el mundo económico y cuáles son sus pendientes por resolver. Esta vez han traído a colación cosas como “aranceles y represalias comerciales”; “riesgos globales”; “proteccionismo” y “prácticas comerciales ventajosas”, situaciones que antes no se mencionaban y que mucho menos eran frutos de desacuerdo entre las economías poderosas del mundo. Por ahora, no hay en el horizonte la posibilidad de treguas comercial entre Estados Unidos y China, y mucho menos con la Unión Europea. Lo que sí se ve es que hay una nueva fase de represalias que van más allá de lo comercial y que reflejan la rivalidad estratégica de las grandes economías, para las cuales el resto del mundo es eso: un ausente de piedra.